¿Porqué quejarse? realmente una pregunta tan sencilla y tan vital, en muchas ocasiones y para muchas personas no resulta tan clara. Quejarse es una reacción natural y necesaria.
Ante muchas situaciones y ante organismos y empresas, en ocasiones nos encontramos en situación de inferioridad y somos agredidos o sentimos que son violentados nuestros derechos. Ante situaciones así sentimos la necesidad de gritar, de ser oídos, de protestar de hablar con el responsable y manifestarle la situación que nos agrede. Pero...
¿Dónde esta el responsable? ¿A quien me quejo? ¿Ahora tengo que parar el coche? ¿No tengo tiempo?, son algunas de las preguntas y las respuestas que nos impiden realizar nuestra queja. Otras veces esta situación la vivimos día tras día y la asumimos, la hacemos participe de nuestro paisaje diario o, padecemos la situación, sufrimos el berrinche pero cuando llegamos a casa lo olvidamos y dejamos que la causa sea motivo de padecimiento para otro o para nosotros mismos en otro momento.
Hay que quejarse, hay que manifestar todo aquello que en nuestro quehacer diario supone una molestia, cuando no nos tratan bien, cuando nos engañan...
Hay que quejarse para poner de manifiesto las cosas que no funcionan bien para que se arreglen.
Hay que quejarse para dejar de ser anónimo, ¿cuanta gente esta sufriendo un retraso en una intervención medica concreta? se habla pero no se sabe ni quien, ni cuanta, ni donde y cuando no se concreta se pierde efectividad y denuncia.